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Miedo a la muerte

La muerte es un hecho con consustancial a la vida. Sin embargo, el ser humano la rechaza aun sabiendo que es la única verdad. Cada vez somos más intolerantes con la frustración y el dolor, no queremos pararnos a pensar, y mucho menos tener que asumir, que nuestra vida va en declive hasta extinguirse del todo. Los progresos de la ciencia y el aumento de la expectativa de vida nos hacen fantasear con la inmortalidad. Tememos enfrentarnos a la gran angustia de perder al amado y de separarnos de nuestros seres queridos.

El duelo es el dolor espiritual y moral., también es el proceso que se experimenta ante la muerte de un ser querido o ante la anticipación de la propia muerte. Se manifiesta en un desvalimiento afectivo provocado por un sentimiento de pérdida irreparable. El duelo es una situación límite de la existencia. Pone a prueba la fortaleza y la capacidad de maduración de la persona que lo padece.

Cuando el miedo a la muerte se convierte en patología revela o desencadena una alteración psíquica que ya estaba latente. Suele dar lugar a un trastorno de ansiedad o a una depresión.

– La negación 

funciona como un mecanismo de defensa después de una noticia inesperada que impresiona y estresa. Es una reacción provisional que permite fugarse de la realidad, al menos por algunos momentos.

– La ira y el enojo 

sustituye a la negación. Esta fase es difícil de afrontar por que proyecta en todas las direcciones y nos enojamos incluso hasta con Dios.

– El pacto, 

es una fase muy útil en este proceso, es esperanzadora porque pospone lo inevitable, es decir, nos da la posibilidad de ser recompensados por una buena conducta.

– La depresión 

es un instrumento para prepararse para la perdida, la tristeza se manifiesta como parte natural del proceso del dolor. Por ello es importante expresarse y darse permiso para lamentarse., expresar los sentimientos lejos de ser señal de debilidad, muestra sensibilidad.

– La aceptación, 

no  es una fase feliz ya que significa acomodarse a una nueva realidad, adaptarse y renunciar a lo que ya no está. La capacidad de interés disminuye y se encuentra la paz.

Es recomendable darse premiso de vivir ese duelo, no evadirlo poniéndonos caretas de falsa fortaleza con el propósito de evitar sentimientos desagradables que estarán presentes toda la vida convirtiéndose en un duelo patológico. No aislarse de familiares y amigos., los grupos sociales son de gran ayuda cuando vivimos una pérdida de cualquier tipo.

No abusar del alcohol u otra droga o fármaco, no auto-compadecerse o comparar nuestro duelo con el de los demás, los duelos son procesos individuales y únicos., hay que encontrar espacios para llorar o gritar, escribir o realizar alguna actividad placentera., tener paciencia porque habrá que adaptarse a los cambios y a una nueva realidad.

Si bien es cierto, durante el proceso de duelo se recomienda no tomar decisiones importantes, en estos casos es mejor esperar a que pase la crisis para que las decisiones sean acertadas y convenientes. Habrá que descansar, escuchar mensajes de su cuerpo, no ignorar sentimientos y de ser posible realizar algunas actividades físicas.

“Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos”